Sumo pontífice, eminencia reverendísima

Fray Marcos. feadulta.com

DOMINGO 31 (A) (Mt 23, 1-12)

Mateo sigue hablando para su comunidad y poniendo en boca de Jesús lo que quiere decir él a aquellos seguidores. Su intención es hacer ver la diferencia entre el antiguo Israel y la nueva comunidad para que no caiga en los mismos errores que critica. Su preocupación está justificada, porque el cristianismo cayó muy pronto en fariseísmo.

Lo que reflejan los evangelios es la reacción de los cristianos contra esos fariseos. En el texto de hoy encontramos pistas para descubrir que esas palabras no las dijo Jesús: nunca pudo decir que el único Señor era él mismo. La denominación de “hermanos”, que el evangelista pone en boca de Jesús, fue un distintivo de la primera comunidad.

Hoy no se necesita ninguna exégesis especializada. Se entiende todo perfectamente. Otra cosa es que nos interese seguir las directrices del evangelio. De los que se encuentran hoy sentados en cátedras, se podía decir lo mismo que el evangelio dice a los fariseos. Poco han cambiado las cosas en tantos siglos, el texto sigue teniendo actualidad.

Ellos no hacen lo que dicen. No es exacto que los fariseos fueran por definición “fariseos”. Eran cumplidores, pero su rigorismo en la interpretación de la Ley les obligó a disimular que eran incapaces de cumplirla. Pero el engaño mayor consistía en exigirles, en nombre de Dios, unas prácticas que no les podían traer salvación.

Cargan a la gente con fardos pesados e insoportables. Eran 613 los preceptos que tenía que cumplir todo israelita para ser fiel a la Ley. En ese fárrago de prescripciones la vida humana quedaba sumida en una frustración alienante. Recordemos lo que Jesús había dicho: Mi yugo es llevadero y mi carga ligera

Todo lo que hacen es para que los vea la gente. Cuando se pone la perfección en el cumplimiento de normas caben dos salidas: si la alcanzas, soberbia, mirar por encima del hombro a los demás. En la medida que no la alcanzas, la simulación. Lo que los demás piensen de mí es más importante que lo que soy.

Vosotros, en cambio… Aquí tenemos la clave del texto. La nueva comunidad no debe comportarse como los fariseos, sino con autenticidad. El mensaje del evangelio consiste en abandonar toda superioridad y entrar en una dinámica de servicio.

No os dejéis llamar maestros, no llaméis a nadie padre, no os dejéis llamar jefes. Seguramente ya había, en aquella época, quien quería ser más que los demás. Los seres humanos somos capaces de remover el cielo y la tierra, con tal de justificar el estar por encima de los demás y de alguna manera utilizarlos en beneficio propio.

El primero entre vosotros será vuestro servidor. Jesús exige lo que él vivió. El mismo Jesús comenta en otro lugar: “lo mismo que el Hijo de hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir”. No hemos asimilado lo que esto significa.

Sin duda ninguna, la jerarquía debía hacer un serio examen de conciencia partiendo de estas palabras del evangelio y de otras que van en la misma dirección, pero los títulos se los damos nosotros. Una vez más debemos recordar que Jesús no lanza sus diatribas contra la autoridad, sino contra la autoridad que se ejerce como poder.

Obedecer órdenes no garantiza el cumplimiento de la voluntad de Dios. Ser fiel a Dios es ser fiel a ti mismo. Lo que Dios quiere de ti, te lo está diciendo desde dentro de ti. El que quiera doblegar tu voluntad en nombre de Dios te está engañando. Es verdad que nunca podremos alcanzar la plenitud en soledad, pero los demás tienen que ayudarme a descubrir la meta de esa plenitud, mostrándome el camino para alcanzarla.

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