La dimensión Profética de la Biblia I: Claves. Maria Luisa Paret y Pilar Gómez

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Maria Luisa Paret y Pilar Gómez. mujeres y teologia

Algunas claves que nos permiten acercarnos a la dimensión profética desde ojos de mujeres:

  1. Lo primero que nos llama la atención es la desproporción entre profetas (18) y profetisas (4 en el AT y 3 en el NT). Asimismo la carencia de datos tanto de su vida como del ejercicio de su carisma profético. Sólo poseemos algunos datos más de Débora y menos de Juldá. Ninguna profetisa narra su vocación. A excepción de Débora, ninguna toma el liderazgo en asuntos espirituales ni se dirigen en público al pueblo de Dios. Incluso, aparecen y desaparecen de repente.
  1. Sin embargo, todas forman parte del pueblo de Israel y, en un momento de su historia, se convierten en sujeto activo de la profecía. Son interlocutoras válidas para decir la Palabra de Dios. Hablan de parte de Dios.

Su palabra es también palabra inspirada y revelada que les venía de lo Alto, movidas por el Espíritu.

Se sienten impulsadas a comunicarla oralmente, aunque nada sabemos si alguna la puso por escrito. Suponemos, que al igual que los profetas varones, añadían actos simbólicos para captar la atención de sus oyentes. (Jeremías se paseaba con un yugo de madera al cuello)

  1. La enseñanza de l@s profetas era sobre la religión y la moral, en el sentido de actos que beneficiaban o perjudicaban a los demás: un solo Dios con los atributos de la verdadera Divinidad: santidad, justicia, misericordia, fidelidad. No quiere sacrificios ni ofrendas, sino adoración en espíritu y en verdad. (Texto de Miqueas: “Escucha lo que el Señor te pide…) Dar amparo al huérfano y a la viuda; acogida al forastero. Las predicciones proféticas: el Día de Yavé, el mesianismo, los salvados, la escatología. La nueva alianza la formarán “un resto” de Israel y los conversos, un solo pueblo bajo el Hijo de David.
  1. Las visiones pasan por alto las distancias de tiempo y lugar y se expresan en poesía hebrea oriental con un lenguaje rítmico adaptado al pueblo. La visión ocurría cuando el profeta estaba despierto. Los sueños rara vez se mencionan en los profetas verdaderos. Posiblemente el alma del profeta podía estar, como los místicos, tan absorto por la actividad espiritual que pareciera que los sentidos estuvieran detenidos. Lo suponemos también en el caso de las profetisas.
  1. Se sospecha, pues, de los narradores o redactores bíblicos en una sociedad patriarcal que ignoraba a las mujeres aun cuando estuvieran vinculadas a un varón (esposo) en el caso de Juldá, la esposa de Isaías, las hijas de Felipe, o fueran reconocidas como “Madres de Israel”, como es el caso de Débora. En definitiva han silenciado su actividad como profetisas.

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