Juan: En la comunidad. Charo Ramos

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Charo Ramos. mujeres y teologia

El Evangelio de Juan era el considerado menos histórico y más ignorado a la hora de reconstruir la historia de Jesús. Se le veía más una novela cristiana místico-teológica del fundador del cristianismo, divinizado en la escuela de Pablo y de Juan. Pronto se descubrió que el cuarto evangelio daba datos muy relevantes que eran más fidedignos que los sinópticos: las subidas a Jerusalén, la fecha de la muerte de Jesús, algunos datos de la geografía de Israel… Ahora bien, lo que sí se percibe es que la literatura juánica nos ofrece una fuerte experiencia post-pascual de una comunidad que se fue haciendo fuera de Palestina y con la presencia inicial de María, la madre de Jesús. Es un Evangelio que deja mucho espacio a las mujeres y, muchos textos y contextos, parecen haberse escrito o dicho por palabra de mujer. El papel de la mujer es evangelizador, de anuncio, de provocar en Jesús un cambio en su ministerio y rabinismo.

La tradición juánica insiste en el vínculo existencial con Jesús como fundamento de la Iglesia. Situarse en esta perspectiva nos libera de viejos prejuicios que sitúan al varón por encima de la mujer. La capacidad de amar y ser amado no es mayor en ninguno de los dos sexos. Amar desde la entraña nos lleva a permanecer, a pesar de cualquier circunstancia adversa, en unidad con el foco del Amor y de esto entendemos especialmente las mujeres.

La tradición juánica está basada en la fidelidad a la decisión personal de seguir a Jesús. Ser discípulo/a de Jesús se convirtió para ellos/as en el núcleo de su fe cristiana. Esto mismo les dio una enorme audacia al ver el papel de las mujeres dentro de la estructura eclesial. El reconocimiento de las mujeres como discípulas “cualificadas y dignas” del Rabbí es propio de la visión de la Iglesia en Juan.

El cuarto evangelio nos va introduciendo progresivamente en el misterio de Jesús. En una dinámica de encuentros y signos milagrosos sucesivos, él se va revelando a aquellos con los que se encuentra; sin embargo, no todos lo comprenden. Frente a su persona no existen posturas neutras: o uno confiesa su fe en él, como la samaritana, o rechazan abiertamente su testimonio, como los judíos (12,37; 3,18).

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