LA ENCORVADA Y THOMAS KEATING. Magdalena Bennásar Oliver

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Magdalena Bennásar Oliver. espiritualidad integradora cristiana

 Este es un pequeño homenaje de agradecimiento a la vida de Thomas Keating, cisterciense. Tal vez os suene el nombre, a muchos y muchas sé que sí porque llevamos tiempo practicando lo que él junto con otros nos regaló: la oración de centramiento.

Moría hace unos días en un monasterio cerca de Boston. La fidelidad a su talento hace posible que miles de personas hayamos descubierto un modo de orar que nos silencia, nos centra, nos pone en presencia del que nos habita.

Thomas, quiero agradecerte tu fidelidad a tu don. Y pedirte que nos ayudes a ser fieles a nuestro don y dones que nuestro Abba-Ama nos ha puesto en las manos y que tantas veces retenemos por inseguridades o “falta de tiempo”.

Lo de la falta de tiempo nos hace sonreír  con cierta ironía porque sabemos que salvo circunstancias extremas de enfermedad o cuidados intensivos…el tiempo es priorizado por el corazón. Cuando amas a alguien, o algo te da amor, no lo pospones, no te aburre, no te da pereza, aunque te cueste, ahí estás.

Nosotras conocimos la oración de centramiento en Boston, hace 24 años. Unas amigas religiosas vinieron a cenar a casa y salió que ellas practicaban este modo de meditar, y ahí entre cucharada de flan y sorbo de café, nos enseñaron como practicarlo, en dos minutos.

Desde entonces no hemos dejado de practicarlo un día, y sobre todo lo hemos compartido, enseñado, practicado en retiros…

Esta madrugada orando con el texto de la mujer encorvada, evangelio de hoy, de pronto he entendido con mucha gratitud, que la oración de centramiento me ayudó mucho al inicio y me sigue ayudando a “enderezarme del peso del patriarcado”.

Lucas 13,10-13 “…una mujer llevaba 18 años enferma por causa de un espíritu y andaba encorvada, sin poderse enderezar del todo. Al verla Jesús la llamó y le dijo: Mujer quedas libre de tu enfermedad. Y le aplicó las manos. En el acto se puso derecha y empezó a alabar a Dios.”

Para mí, y para millones de personas, no sólo mujeres, ese espíritu es lo que el patriarcado ha hecho y sigue haciendo en nuestras historias personales. Como sabéis de lo que estoy hablando no me voy a detener en enumerar lo negativo. He tenido que dejar una comunidad religiosa de 44 años de pertenencia, y mi propio país, donde he intentado colaborar con la pastoral y espiritualidad y teología…pero siempre ha habido un machito de turno o un montón de ellos que me/nos ha ninguneado, criticado, difamado, desautorizado. Al fin, siguiendo el consejo de otro meditador, hemos dejado el humus tóxico de una jerarquía patriarcal que bajo capa de Concilio y demás, no quieren dar el cambio.

Podríamos contar infinitas historias. Una de las últimas preciosa. El obispo de Brujas nos invitó a un grupo de nosotras a reunirnos en su casa para hablar el tema del Beguinato. Se arremangó, nos encendió la chimenea mientras estaba él haciéndonos los cafés, tés, tilas…sacaba para picar y con una sonrisa de contagio, se sentó a escuchar a siete mujeres que todas menos una, somos grandes, altas…como potentes, con energía diría yo. Os cuento esto para que os riais un poco con nosotras. Y él, sentadito entre todas a escuchar. Le pudimos decir muchas cosas, del patriarcado, de las necesidades de liberar a la mujer…y el buen hombre de 59 años, sonriendo, cavilando, atento e interesado…vaya, que me lo hubiera llevado de trofeo, después de lo visto y vivido. El otro día responde a un mail, y es tan cercano y cariñoso que no me lo creo. Lo digo porque no todos son iguales. El cardenal de Bélgica resulta que celebra la Eucaristía a la que asistimos, sin saber que iba a celebrar él, hace unas semanas. Un hombre cercano, un tono dulce, una enseñanza profunda en un tono que permitía  que el mensaje entrase… Estamos agradecidas por ellos.

No todo está perdido, pero el patriarcado tiene unas manos muy largas.  Cuando dejando de pensar pude empezar a hacer un silencio interior, acompañada por las directrices de un libro de Keating, poco a poco, empecé a recuperar la energía de mi vocación inicial a ser mujer libre, seguidora de Jesús, comunicadora de su Vida, a pesar de todas las cargas que una comunidad que se llamaba para la promoción de la mujer, iba cargando de patriarcado y dolor.

El texto nos dice que llevaba 18 años enferma. En aquella cultura es el tiempo de vida adulta de una persona.  Y luego dice que “Al verla, Jesús la llamó y le dijo: Mujer, quedas libre…”

A mí me parece fascinante, ella no pide nada, como tú y yo tantas veces, pensando, sintiendo que tenemos tanto, no tenemos derecho a pedir…pero El, nos ve y nos ama. También a nosotras nos libera de la carga, y nos envía a liberar, pero primero tenemos que dar los pasos para dejarnos “aplicar las manos” por Jesús. Sabemos que sólo el Amor sana, libera, empodera, llena de paz. Dejarnos tocar el alma, dejarnos invadir por su jolgorio de vida para nosotros y nosotras si compartimos nuestro don.

“Ella, en el acto se puso derecha y empezó a alabar a Dios”. Se puso derecha, ella solita. El la tocó pero quien se puso derecha fue ella. Él nos da la fuerza, la capacidad, el amor necesario, eso es lo que expresa el tacto, contagio de su energía, y ella, se levanta y se me pone la carne de gallina de pensar en cómo se mirarían.

 Esa es la mirada que nos toca y endereza para que dejemos de mirar el suelo, y contemplemos las maravillas de Dios y contemos esas maravillas.

Gracias Thomas por tu fidelidad, ella ha hecho posible que muchas personas somos más libres y más cristianas. También gracias a las hermanas que disfrutando un flan español en Boston, se sintieron inspiradas en aquella especie de eucaristía doméstica, a compartir su oración. Algo poco frecuente. Y las consecuencias incalculables.

Hoy son otras hermanas las que nos ayudan a enderezarnos, y también ya vemos el fruto, ya sentimos que cuando algo es libre de estructuras, gratuito, comunicador de vida, huele a Ruah.

Las SFCC, con su valentía de dejar sus comunidades patriarcales y reunirse alrededor de un carisma de paz y armonía, nos abrazan como hermanas para libres, seguir liberando. Y os invitamos al proceso.

Necesitamos hoy liberar el planeta cuna-casa común del peso del patriarcado. No podemos perder el tiempo gritan los buenos obispos y Francisco hoy mismo en sus comunicados. Tenemos que dejar de abusar y oprimir y discutir y crear espacios de paz. No hay tiempo que perder.

Todos tienen derecho a la vida, a la educación, a la sanidad, a disfrutar de la belleza del planeta, de todo lo que se nos regala para que lo cuidemos y entreguemos mejorado…

¡Jesús, aplícanos tus manos!

Magdalena Bennásar Oliver

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