Tribu de mujeres. Imma Sust

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Inma Sust. el periodico 

El grupo lo es todo. Clan, familia, equipo, especie o pelotón. Pero si no cuidas tu individualidad no vas a poder disfrutar dentro de ningún colectivo. Un ejemplo practico lo he vivido yo hace pocos días. He pasado un fin de semana en el desierto del Sáhara, en el sur de Marruecos, acompañada de 200 mujeres. El evento, llamado Desert Women Summit, pretendía una especie de retiro espiritual, de formación, aventura, meditación y ‘fitness’ muy bien conseguido. No saben la de cosas que aprendí en 48 horas. Me di cuenta de que tengo demasiados prejuicios y de que soy poco ambiciosa. Aunque sea una feminista declarada, les confieso que estaba convencida de que a los cinco minutos estaría harta de la mitad de las mujeres. Pues no. Para nada. Igual es que las escogieron muy bien. Mujeres poderosas, cañeras, curiosas, fuertes y de todas las edades. De repente, creamos un grupo energético brutal. Nos ayudamos, nos explicamos cosas, compartimos experiencias y nos cargamos esa teoría que dice que las mujeres no se apoyan entre ellas y solo saben hablar de hombres.

Serán algunas, pero no las que conocí en el desierto. Empezando por Verónica Blume, exmodelo y actualmente propietaria del centro de yoga The Garaje. No me lo esperaba. La tenía colocada en el grupo de las modelos frívolas. Prejuicio número uno explotándome en la cara. Fina Roman, una mujer que ha competido en 10 ediciones del Dakar. Esa carrera tan y tan masculina. Empezó en coche y acabó los últimos siete años en camión. Una auténtica crack. Bibiana Ballbè, periodista que se ha reinventado y nos ha enseñado lo importante que es valorar la mirada propia y lo necesario que es cambiar de sitio aunque estés bien. Médicas, empresarias, profesoras, mujeres libres a las que no les importa nada viajar solas. Mi compañera de jaima, Andrea Combalia. Dermatóloga que trabaja mil horas al día y que encima tiene tiempo para cultivar su instagram ‘Pielsanaincorporesano’. Emprendedoras de 25 años como Claudia Sahuquillo, que le ha dado por el arte, pero si quisiera sería presidenta del Gobierno. Muy ambiciosa y ordenada. Todas, tremendamente poderosas y libres. De pensamiento y actuación. Ha habido una gran conexión entre nosotras. Nos ha unido la aventura por el desierto pero también nuestro género. Hemos compartido un camino de crecimiento individual y colectivo muy interesante. Yo, personalmente, he encontrado el equilibrio perfecto entre el grupo y mi individualidad. Creo, sinceramente, que esta es la clave de la felicidad. Saber estar dentro de la tribu sin dejar de ser tu misma

La clave de la felicidad es saber estar dentro del grupo sin dejar de ser tú misma

Rodeada de chicas muy jóvenes llenas de energía, que se comen el mundo, con ganas de todo. Sufren por la forma como han sido educadas; pero muy rebeldes y con ganas de lucha. Algunas, contrarias a la monogamia sucesiva y partidarias del poliamor o abiertas a otras formas de relaciones amorosas y sexuales. Otras más conservadoras, pero abiertas a aprender y a escuchar sin juzgar. Todas con mucho potencial y con la libertad de utilizarlo como a cada una le apetezca.

Es increíble cómo cambia el ser humano cuando va solo por la vida o cuando se junta con un colectivo. Dejas de ser tú para formar parte de un todo. Si la energía de este ‘todo’ es positiva, todo va genial, pero como no sea buena, entonces aparecen los dramas. Sectas, guerras o manadas. El grupo malo puede ser muy malo.

Y no quiero decir que los grupos de mujeres siempre sumen a favor, porque alguna excepción habrá. Pero sí que es cierto que las mujeres no montamos grupos para pegar indigentes, ni para violar a mujeres, ni para nada que se le parezca. Yo trabajo con muchas mujeres y si de algo me quejo es de que somos demasiado exigentes. Con nosotras mismas y con las demás. Supongo que esto forma parte la educación heteropatriarcal que hemos recibido. Nos tenemos que esforzar el triple para que nos hagan caso y a la mínima crítica, ya nos tiran del barco. ¿Pero y si el barco es solo de mujeres? Entonces ya no hay envidias, ni guerras ni reproches. Entonces la energía positiva gana y convertimos la envidia en admiración.

Solo han sido 48 horas. Teníamos poco tiempo y mucho que aprender. La vida misma. Hay demasiado donde escoger. No tenemos vidas suficientes para hacer todo lo que nos gustaría hacer. La liberación de la mujer está siendo tan bestia que por eso hay tantas mujeres que no tienen hijos. ¡No tenemos tiempo! El reto es hacerlo todo y eso es imposible. Por lo que es más complicado ser feliz porque tienes más opciones y más caminos por donde ir. Una locura.

Vivimos en la era del cambio constante. Y tenemos que saber adaptarnos a él. Ya no gana la más inteligente o la que tiene la carrera más importante. Vamos a ganar la lucha feminista con imaginación, intuición, sensibilidad, empatía o creatividad. Unidas, vivas y libres.

Imma Sust   Inma Sust

 

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