José María Castillo: “En este momento, con el Papa más que nunca”. Jose Maria Castillo

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Papa Francisco

Ni el mensaje de Jesús se puede transmitir desde los primeros puestos. Ni pueden ponerse a hablar de Jesús quienes se empeñan en situarse por encima de los demás

¿Se puede ofender al papa, calificándole de “herético” porque no coincide con nuestra manera de calificar al clero y nuestro empeño por mantener el clericalismo, que ya no tiene la importancia y el significado que tuvo en siglos pasados?

Jose Maria Castillo. Teologia sin censura

La carta que, hace pocos días se ha conocido, del cardenal Pell, haciéndose víctima inocente, cuando en realidad y según los jueces es un delincuente corruptor de menores (por eso está en la cárcel), esa carta – digo – confirma que, efectivamente y en este momento, existe en la Iglesia un bloque de clérigos importantes, que, siguiendo el lamentable ejemplo del cardenal Müller, piensan y no tienen reparo en decir y propagar que el papa Francisco está tan equivocado que puede ser calificado como un hombre “herético”.

Y si es que, efectivamente, la Iglesia está gobernada por un “hereje”, la situación es grave. Muy grave. Porque, de ser eso cierto, o el Papa tiene que irse de la Iglesia; o somos nosotros los que tenemos que abandonarla. A no ser que estemos ante un grupo de hombres “importantes” – o vaya Vd a saber lo que son – que ocultan su desvergüenza con el oscuro manto de su “ortodoxia”.

Pues bien, estando así la situación, ¿qué pensar y qué hacer en este estado de cosas? Por supuesto, vaya por delante que yo no soy quién para decirle a nadie lo que tiene que pensar o lo que debe hacer. Me limito a informar de algunos datos que quizá puedan ayudar a determinadas personas en este delicado momento que estamos viviendo.

Ante todo, quiero dejar claro que estoy enteramente de acuerdo con el profesor Reyes Mate cuando afirma que el papa Francisco está teniendo la libertad y el coraje de “desacralizar” siglos de historia, que lleva la Iglesia afirmando y manteniendo lo que Yves Congar calificó como “aspecto señorial” del mundo eclesiástico. Yo tengo la impresión de que este papa no es un hombre “clerical”. Y no olvidemos que todo “lo clerical” indica privilegio y prepotencia. Conceptos y experiencias que nada tienen que ver con el Evangelio. Ni el mensaje de Jesús se puede transmitir desde los primeros puestos. Ni pueden ponerse a hablar de Jesús quienes se empeñan en situarse por encima de los demás. Jesús se enfrentó a sus discípulos precisamente por esto. Que es una miseria humana, en la que incurren muchos “hombres de Iglesia”.

Los “trepas” en la Iglesia

Esto es tanto más frecuente cuanto más alto se sube en la “escala clerical”. Porque la Iglesia está organizada de manera que quienes en ella suben, sin duda alguna (y seguramente sin que ellos mismos se den cuenta de lo que están haciendo con su vida),son unos “trepas”. Porque son hombres que se han plegado totalmente al sistema clerical. Y así, por supuesto, alcanzan fama y gloria, sobre todo en “las sacristías”. Pero, al mismo tiempo, alejan a la Iglesia de su razón de ser. Lo que supone – entre otras cosas – que convierten a la Iglesia en un museo de antigüedades, que interesa cada día menos y a las que cada día también la gente les hace menos caso.

Pero nada de lo dicho es lo más fuerte que yo quería defender aquí. He afirmado que, en este momento, hay que estar con el Papa más que nunca. ¿Por qué ahora precisamente? Estamos a pocas semanas del Sínodo de la Amazonía, que se va a celebrar en Roma, en el próximo mes de octubre. Como es lógico, hablar de la Iglesia en la Amazonía es tanto como hablar de la “inculturación” de la Iglesia, ya que la cultura de la Iglesia medieval (a la que quiere ser fiel la Iglesia actual) y las culturas de los pueblos de la enorme selva amazónica, son realidades culturales tan distintas (y en no pocas cosas, tan distantes), que inevitablemente plantean problemas teológicos, que, de rebote, afectan a toda la teología y a la Iglesia entera.

Se comprende así por qué este Sínodo es tan importante. Y por qué está dando tanto que hablar. Entre otras razones, porque, en las comunidades cristianas amazónicas, se viven con urgencia más apremiante determinados problemas que, en Europa o América, encuentran solución.

Los dos problemas, que están dando más que hablar son el celibato de los sacerdotes y la ordenación sacerdotal de mujeres. Pues bien, lo primero que se debe decir, sobre estos temas, es que, si hablamos con precisión, con conocimiento de lo que estamos diciendo y con libertad, ni el celibato de los sacerdotes, ni la ordenación sacerdotal de mujeres, son problemas teológicos.

El Nuevo Testamento no dice ni palabra, ni sobre el celibato de los sacerdotes, ni sobre si las mujeres pueden o no pueden recibir el sacramento del Orden. Estos asuntos no son problemas teológicos. Son temas históricos y culturales.

Que deben ser resueltos, en cada momento de la historia y en cada cultura, no según lo que pensaban los escolásticos medievales, sino según lo que más necesitan los cristianos. Jesús no fundó la Iglesia para que sea fiel a la Escolástica o al Medievo, sino para que haga presente el Evangelio en cada tiempo y en cada cultura, según los “tiempos” y las “culturas” lo necesiten. Lo cual no es “inventar” o “acomodar” el Evangelio, como nos conviene o nos interesa a nosotros. Es todo lo contrario: “acomodarnos” nosotros al Evangelio y no convertir en “dogmas de fe” lo que son meros “hechos históricos”, que se tienen que vivir y ajustar a lo que necesitan los pueblos y las culturas, en cada momento y en cada situación de la historia y de la sociedad.

La séptima sesión de Trento, clave

Pero hay algo que seguramente es lo más importante y que posiblemente no pocos clérigos ignoran. Las afirmaciones de la Sesión 7ª del concilio de Trento – la Sesión que el concilio dedicó a los sacramentos – no son ni dogmas, ni doctrina de fe. Porque, como consta en las Actas del concilio de Trento (vol. 5º), los “padres conciliares” no llegaron a ponerse de acuerdo en la cuestión capital, a saber: si lo que condenaban eran “herejías” o se trataba de simples “errores”. En esto se centró el debate de la Ses. Séptima. Pero no pudieron ponerse de acuerdo. Por eso el Proemio de esta sesión se limita a decir: “para eliminar los errores y extirpar las herejías…” (Conc. Trid., vol. 5. Denz. – Hün. 1600).

“No seamos más papistas que el papa”. ¿Se puede ofender al papa, calificándole de “herético” porque no coincide con nuestra manera de calificar al clero y nuestro empeño por mantener el clericalismo, que ya no tiene la importancia y el significado que tuvo en siglos pasados?

Si no son dogmas de fe ni los temas básicos sobre los sacramentos, ¿lo van a ser asuntos más discutidos y discutibles, como son lo del celibato de los sacerdotes o el posible sacerdocio de las mujeres?

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