Una madre para los huérfanos en Mozambique. Dulce Araujo

Olinda Mugabe, de Mozambique, dirige la asociación “Reencuentro”, dedicada a los niños huérfanos y vulnerables que han perdido a sus padres a causa del SIDA. Para Olinda, la visita del Papa representa un suplemento de energía para el trabajo de la asociación.

Dulce Araújo – Ciudad del Vaticano

Principios de los 90. Olinda Mugabe, una enfermera capacitada con una larga experiencia de trabajo en una organización mozambiqueña de desarrollo y apoyo a la familia, se da cuenta de que el SIDA se está apoderando del país. Pero la gente parece no reaccionar ante este flagelo, está mucho más preocupada por la guerra civil. Olinda entonces trata de dar un sacudón. Con algunos enfermos crea una asociación – “Quiquimuca” (Despierten), y los anima a aparecer en los medios de comunicación para convencer a la gente de que actúe.

Una vez que ha alcanzado su objetivo, Olinda intenta hacer algo más. Le impresionan los muchos niños que mientras tanto han quedado huérfanos, y no quiere ser indiferente a ello. Llama a algunas de sus amigas que en el pasado, como ella, habían aspirado a la vida religiosa, y juntas crean la asociación “Reencuentro”. Hoy en día, esta organización sin fines de lucro ayuda a unos 10 mil huérfanos de padres muertos por el SIDA en las provincias de Maputo y Gaza, en el sur del país, donde la incidencia de la enfermedad es la más alta de Mozambique: 22,9% y 24,4% (el promedio nacional en 2017 era de 13,2%).

Nuevos parientes para niños huérfanos

“Reencuentro” se encuentra en el distrito de Mahotas, en las periferias de Maputo. Lleva el nombre de la Beata Maria da Paixão, fundadora de las Franciscanas Misioneras de María, de cuya Congregación han formado parte las creadoras de este “Centro de Acogida de Niños Huérfanos y Vulnerables”, y al cual siguen vinculadas por una relación de confianza y colaboración.

Como adolescentes, Olinda y los demás compañeros querían ser religiosos, pero por diversas razones no pudieron cumplir este sueño, así que cada uno siguió su propio camino. En sus corazones, sin embargo, la espiritualidad franciscana continuó difundiendo su aroma evangélico, para fortalecer el deseo de ayudar a los demás. Varios años más tarde, la invitación de Olinda los reunió y les permitió canalizar el impulso para darse a sí mismos, en este caso a los huérfanos.

Por eso no podía haber un nombre mejor para la Asociación: “Reencuentro”, “reencuentro entre nosotros, reencuentro de nuevos parientes para huérfanos, reencuentro con nuestra misión: amor, caridad, ayuda mutua”. Era una oportunidad, cuentan, que Dios nos daba una vez más para seguirlo, y cada una, con este espíritu, comenzó a aportar lo poco que tenía (un plato, una silla, una mesa, un vaso de arroz o de azúcar) para ayudar a los niños. Hasta que, cuatro años más tarde, en 2002, la Asociación fue reconocida formalmente y comenzó a crecer.

Asistencia material, humana y espiritual a los niños huérfanos

En estas dos provincias de la frontera con Sudáfrica -Maputo y Gaza, donde Reencuentro lleva a cabo sus actividades- el SIDA ha devastado familias enteras y muchos niños, a veces seropositivos, han permanecido solos con sus abuelos ancianos, con parientes lejanos o incluso completamente solos.

Con la ayuda de varias organizaciones como USAID, el “Global Fund for Children”, “Cross International”, pero también de comerciantes y benefactores locales, Reencuentro ayuda a estos niños en todos los niveles de necesidad: la de alimentación, la de educación, de salud, la necesidad de un hogar, de ropa, de acompañamiento, la búsqueda de “padrinos y madrinas” para la adopción a distancia, pero también de la transmisión de valores religiosos, morales y civiles, o simplemente de un poco de afecto… Todo gracias a los servicios ofrecidos por los centros presentes en las dos provincias meridionales y, sobre todo, a través de un número significativo de voluntarios, hombres y mujeres, que para Olinda son “el ojo de Reencuentro” en las comunidades, es decir, en ese entorno doméstico y natural en el que la gran mayoría de los niños asistidos pasan sus días.

Signos de aprecio y el sueño de la autosuficiencia

En poco más de veinte años de actividad, Reencuentro, fundado en 1998, “ha crecido mucho” y los signos de que se han hecho muchas cosas buenas son las apreciaciones que la organización sin ánimo de lucro recibe tanto del Gobierno como de la Iglesia:  “esto nos llena de alegría”, dice la fundadora. “Sin embargo – continúa – las dificultades son muchas y conciernen en gran parte a la subsistencia de la Asociación como institución”. Olinda muestra su sonrisa más hermosa cuando habla de los muchos éxitos logrados en el largo trabajo de estos años. Una de las historias que recuerda con emoción es la de un joven que hoy tiene 19 años. De pequeño era un niño inquieto, que sufría mucho por la ausencia de sus padres. Vivía con su abuela y otros hermanitos seropositivos. Dejó de ir a la escuela y empezó a tomar caminos malos. Reencuentro lo acogió, lo asesoró, lo incluyó en algunas actividades, y ahora trabaja, estudia y mantiene a su abuela y a sus hermanos. Un Reencuentro lo acogió, lo asesoró, lo incluyó en algunas actividades, y ahora trabaja, estudia y mantiene a su abuela y a sus hermanos. Otro joven pudo graduarse y ahora es profesor de inglés. Muchos ya pueden mantenerse a sí mismos y a sus familias y ya no necesitan ayuda. Y cada vez que alguien se casa, es una gran alegría para “Reencuentro”.

JOLUSI y el apoyo a distancia

Desde el inicio de sus actividades, Reencuentro ha querido involucrar a los jóvenes huérfanos en la lucha contra el SIDA. Así nació el proyecto JOLUSI, que a lo largo de los años ha visto a muchos jóvenes comprometerse con gran entusiasmo. Alfredo Carlos Changale, huérfano de padre, involucrado activamente en el proyecto, solía levantarse temprano por la mañana para vender refrescos y dulces para poder ayudar a su madre y hermanos. Luego se unió a los chicos de JOLUSI. Las dificultades eran muchas, pero también había muchos jóvenes felices de formar parte del grupo.

El proyecto JOLUSI debería ser revitalizado, también porque aun teniendo miedo del SIDA, los jóvenes continúan exponiéndose a riesgos. “Esta es una preocupación. Debemos seguir luchando hasta que la gente se dé cuenta de que para acabar con el VIH debemos cambiar nuestro comportamiento”, dice Olinda, feliz, por otra parte, de observar que la actitud discriminatoria hacia los pacientes de SIDA ha disminuido. Hoy en día tendemos a considerar esta enfermedad como un problema social que todos tenemos que combatir. Con un cambio de comportamiento y un acceso más fácil a los medicamentos antirretrovirales garantizados por el gobierno, las cosas pueden mejorar.

Reencuentro también está muy comprometida con la búsqueda de apoyo a distancia para los niños más necesitados. Esta actividad también se lleva a cabo en colaboración con Child Fund International.

Optimista y mujer de fe, Olinda Mugabe, con su estilo tranquilo, se alegra de los recientes acuerdos de consolidación de la paz firmados entre el Gobierno y Renamo. Antes, con el aire de tensión y conflicto que se respiraba, los voluntarios de Reencuentro temían no poder moverse hacia el interior para asistir a los niños.

Los ciclones Idai y Keneth, que destruyeron el centro-norte de Mozambique en marzo y abril pasados, causando cientos de muertes, también tuvieron, paradójicamente, un efecto positivo: el fortalecimiento de la solidaridad entre las personas. Dentro de sus posibilidades, los miembros de la Asociación hicieron una recolección de cosas que más tarde se enviaron a la extenuada población de Beira.

Ahora Olinda espera ansiosamente la visita del Papa. Para ella, Francisco es un “modelo vivo de Cristo” que hará que cada uno sea más fuerte en su entrega a los demás, especialmente a los niños, a los enfermos, a las personas con discapacidad. Olinda confiesa que, en lo que a ella respecta, se contentaría con tocar el manto del Papa, como la mujer sangrante del Evangelio. “Seguramente habrá muchos con el mismo deseo”, le señala, sonriendo, una monja que se ocupa de los ornamentos litúrgicos para la misa papal.

Mientras los miembros de la Asociación colaboran en sus respectivas parroquias en la preparación de la visita papal, el Reencuentro ofrecerá alojamiento en su sede a doce peregrinos que han venido de provincias lejanas.

Un regalo en el vuelo papal

En el vuelo papal hay un regalo para los niños de Reencuentro: útiles escolares, material deportivo, ropa, juguetes y una pequeña contribución económica. Todo ello, fruto de una colecta realizada por la Asociación D.VA, Mujeres en el Vaticano, entra los miembros, colegas y personas de buena voluntad. Es un signo de amor y solidaridad entre dos asociaciones de mujeres que tienen en común los valores cristianos y la atención hacia el otro, especialmente hacia los niños.

Construir y preservar la riqueza antropológica

Olinda y sus compañeras trabajan para asegurar que los niños crezcan sanos e íntegros, libres de la amenaza de la futura pobreza antropológica como resultado de la pobreza material. Ante todo lo hacen con los medios de los que disponen, pero dicen que “la ayuda de los demás es bienvenida. Necesitamos su fuerza, y esta fuerza también puede venir de la oración”.

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