“ Nos llaman las mariposas de Guadalupe, lanzamos comida para los inmigrantes aferrados en los trenes”

Las Patronas salen al rescate de los migrantes que sueñan con llegar a Estados Unidos

LUCIA CAPUZZI. Vida Nueva.DONNE CHIESA MONDO

En Córdoba, Veracruz / las bellas patronas / valientes mariposas /dan luz al migrante”, dice el corrido (canción popular) uno de los muchos dedicados a las “valientes mariposas” de Guadalupe o La Patrona, un pequeño pueblo de 3.000 habitantes en el municipio de Amatlán de los Reyes, a noventa kilómetros del puerto de Veracruz. Allí, rodeado de campos de caña de azúcar y café, está la casa, grande y espartana, de la familia Romero. Y la cocina con ladrillos a la vista, la larga mesa de madera, las ollas oscuras y la imagen de la Virgen de Guadalupe –la Patrona, de la cual la comunidad toma su nombre– donde, hace veinticinco años, Leónida Vázquez, sus cuatro hijas y siete –entre nietos y vecinos–, comenzaron a preparar raciones de comida para los migrantes que huyen de la violencia y la miseria de América Central a lomos de La Bestia. Así es como se conoce en México al maltrecho tren de carga que cruza el país de sur a norte hasta la frontera con los Estados Unidos.
Los conductores de trenes y las autoridades hacen la vista gorda a cambio de un soborno. Y así, los centroamericanos avanzan hacia una yincana infinita de al menos un par de semanas. No hay una
ruta directa desde Chiapas a Río Bravo.
Las diversas locomotoras se alternan en la telaraña de las vías en viajes de diez a doce horas, intercaladas con descansos de dos, tres, incluso siete días, en los que los migrantes se convierten en el botín de los grupos criminales que controlan el territorio. Pocos logran ahorrar unos centavos para comida y agua. El hambre y la sed son compañeros de viaje opresivos en el calvario hacia Estados Unidos.
El 7 de febrero de 1995, un grupo de migrantes exhaustos, que esperaban retomar el viaje se encontraron con las hermanas Romero. Rosa y Bernarda regresaban de la tienda con una bolsa llena de pan y leche.
Apilados en las vías, había cientos de seres humanos, andrajosos, hambrientos. Tres jóvenes levantaron la vista. Sus ojos se encontraron con los de las dos mujeres. “Por favor, dadnos algo, no hemos comido en días”. Rosa y Bernarda regresaron a casa sin pan ni leche y con profunda angustia.
Inmediatamente se lo contaron a du familia. “Habéis hecho bien hijas mías, habéis hecho bien –susurró la madre Leónida al abrazarlas – La Virgen de Guadalupe estará feliz, pero debemos hacer más”.
“Los llaman moscas porque viajan en el tren como insectos. Pero no son moscas. Son seres humanos”, dice Norma Romero, también hija de Leónida y la más cono cida de las doce mariposas que doman a la Bestia. “Solo soy una mujer campesina.
Dios me ha dado una familia, un trabajo en los campos gracias al cual puedo tener comida sin verme obligada a emigrar. Y muchos hijos además de mi Jafet”. Norma dice que así considera a los miles y miles que ha dado comida y agua en el último cuarto de siglo. “No todos los maquinistas reducen la velocidad cuando nos ven. Tienes que lanzar la bolsa lo más rápido posible y tener ya preparada la otra… Una noche, había sido muy lenta. Y un joven no había logrado cogerlo. Además, perdió el equilibrio al inclinarse. Dos compañeros lo agarraron cada uno por un hombro. El
chico, joven y con la piel oscura, se quedó en equilibrio no sé cuánto tiempo, con el cuerpo y los brazos extendidos, como Jesús en la Cruz. Entonces, entendí: el Señor estaba realmente en ese físico postrado, rechazado por todos. Me dije: “Virgen de Guadalupe, de ahora en adelante sabré
reconocer a tu Hijo en el cuerpo de los inmigrantes”. Es la certeza de servir a Jesús, lo que empuja a Norma y a las otras patronas todos los días, como las han rebautizado, a cargar raciones de arroz, frijoles, tortillas y botellas de agua en mochilas y bolsas.
Desde hace diez años, además de distribuir alimentos, han abierto un pequeño refugio para aquellos que desean refrescarse antes de continuar el viaje. “Ponemos lo que podemos. La Providencia piensa en el resto. No tenemos contribuciones fijas, ni siquiera somos una asociación: tan solo recibimos ofrendas de aquellos que quieren ayudarnos. Seguimos adelante. ¿Hasta
cuándo? Hasta que quiera la Virgen de Guadalupe”.

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