Catolicismo “beige” o tradicional

Isabel Gómez Acebo. religion digital

El obispo norteamericano Robert Barron utiliza un tono suave en la gama de colores, el beige, para definir la fe de los católicos liberales o progresistas y no es la primera vez que usa el término ya que hace 25 años criticó a “una fe que se había hecho culturalmente acomodaticia e insegura de sí misma”. Este obispo, siempre combatió al concilio Vaticano II que consideró más antropocéntrico que cristocéntrico e impulsó la pérdida del esplendor y belleza de la tradición católica. Lo más curioso es que hoy se muestra preocupado por el camino opuesto al catolicismo “beige”: el movimiento radical tradicionalista

            Son los enamorados de una imaginaria edad de oro de la cristiandad, una amalgama de barrios blancos en los Estados Unidos de los años 50, en nuestra España del catolicismo franquista, de salones victorianos y de una visión tecnicolor de la Edad Media, compuesta por brillantes cruzados y piadosas damiselas. Rehúsan la opción preferencial por los pobres y la igualdad de las mujeres, como en el caso de las diaconisas, en aras de una tradición que está calcificada y muerta. Pero además han dado un paso más en la dirección equivocada contraria a lo que predican cuando niegan la autoridad papal

Barron los critica, pero justifica su actitud como reacción al catolicismo blando que ha dado como resultado, en la Iglesia de los últimos 30 años, a muchos escándalos que tuvieron lugar durante los pontificados desde Pablo VI hasta el actual. Su portal Word of Fire se quiere colocar en el medio de estas dos tendencias: la aguada de un catolicismo sin garra y la de un catolicismo tradicionalista que se autodestruye. Esta postura intermedia la comparten otros movimientos eclesiales con Flyn, el editor jefe de la Catholic News Agency, o Ed Condon, consejero delegado de su propia página recién creada The Pillar, en la que defiende que buscan respuestas nuevas a tiempos nuevos

Debemos preguntarnos si esta postura intermedia es siempre la mejor pues todas las personas partimos de parcialidades previas por lo que debemos cuestionarnos sobre las parcialidades que son más acordes con el evangelio de Cristo que es la fe que profesamos. Tanto Barron, Flyn, Gordon y otros muchos consideran que están en la verdad porque se encuentran en línea con la tradición y el magisterio. Los tradicionalistas por su lado rechazan el Vaticano II y las enseñanzas de los papados recientes, mientras que los progresistas cuestionan las áreas pertinentes al sexo y al género en la moral eclesial

Sin embargo, muchos católicos progresistas no rechazan, sino que priorizan componentes que consideran menos enfatizados en nuestra Iglesia y que demandan respuestas, como el tema de la dignidad de los trabajadores, el derecho de los pobres, el derecho a un salario justo, a la sanidad, el derecho de los inmigrantes, la inmoralidad de la pena de muerte y la necesidad de cuidar del entorno. Ven estos temas esenciales dentro de la fe católica antes que las enseñanzas sobre la anticoncepción o el matrimonio homosexual, pero se encuentran enfrentados a personas o instituciones poderosas, ya sea en el ámbito civil o religioso

A este grupo también pertenecen los católicos que critican las áreas en las que ha fallado la Iglesia como la transparencia, la desatención de las víctimas, la protección de la institución por encima de los delitos, el clericalismo y la desigualdad. Las feministas religiosas, teólogas y activistas, piden un puesto en la mesa y tener una voz que sea escuchada. Ya conocemos la respuesta: críticas duras, burlas, amenazas y…, silencio. El área que pide más atención, sobre todo en algunos países, es la justicia racial ya que los católicos moderados parece que se olvidan enfatizando la belleza de la historia eclesial e ignorando que ese esplendor se hizo con frecuencia poniendo el acento sobre el eurocentrismo involucrado en un equivocado colonialismo e incluso en el comercio de esclavos

Muchos católicos moderados no se enfrentan a los momentos históricos en que los cristianos no dimos la talla para seguir las enseñanzas de Cristo de amor radical mientras que se muestran activos en mantener viva unas prácticas y una liturgia que ignoran el racismo y el sexismo del pasado

Reconozco que estoy hecha un lío. Soy mujer burguesa y vivo en España, tengo muchos años y he vivido muchas décadas en un nacional catolicismo que veo derrumbarse poco a poco. Ya no queda nada de nuestras viejas costumbres porque posiblemente eran sólo eso, costumbres que no estaban enraizadas en una gran fe. Pero soy consciente de que todos somos responsables de un catolicismo valiente que sepa responder a los momentos en los que vivimos y esa respuesta de cada uno será: beige, radical o intermedia. Todavía me cuestiono donde está la mía, aunque tengo la impresión de que la sola pregunta ya me hace estar en el buen camino

2 comentarios

  1. Super interesante.

    Se suele alabar como virtuosas las posiciones intermedias, como la que afirma tener el obispo Barron, pero a veces las posiciones intermedias resultan soluciones de compromiso poco fructíferas. Podemos recordar como en el Apocalipsis lo que se critica a la Iglesia de Filadelfia es precisamente su tibieza.

    El tradicionalismo, al menos el tradicionalismo litúrgico católico, tiene que tener su hueco entre las manifestaciones del cristianismo porque encarna una de las múltiples identidades culturales en que se manifiesta la iglesia, en este caso la cultura tradicionalista. Hay personas que tienen esa manera de entender la vida y es justo que puedan ver reflejada su identidad cultural tradicionalista y nostálgica en una litrgia tradicional.

    Pero aun son más necesarias, sin dejar de ser arriesgadas, las variaciones cultuales y litúrgicas correspondientes a nuevas visiones culturales, una forma de enfocar la práctica religiosa colectiva que en realidad está muy descuidada, hay que reconocer que los tradicionalistas tienen más claro que hacer (y tienen más medios para hacerlo) mientras que los cristianos progresistas tenemos más dificultades para desarrollar formas de culto situadas en las culturas contemporaneas y en proponerlas a la sociedad.

  2. Por otra parte, me parece que, como dice Isabel, el nacional-catolicismo va desapareciendo poco a poco. Pero desagradablemente parece que se reduce más rápidamente el sentimiento religioso que el catolicismo cultural.

    El folklore o cultura católica aun es valiosa como elemento de identidad cultural de sectores conservadores, aunque no vaya acompañada de un sentimiento religioso y aunque la cultura neoliberal laica avance reduciendo el espacio del catolicismo cultural y amenazándolo de obsolescencia. Eso hace que el tradicionalismo católico parezca más relevante de lo que es, al confundirse con un catolicismo cultural que en el fondo es agnóstico. Sin embargo el sentimiento religioso ha caido y cae a plomo, llegando al punto de que para mucha gente la religión no suscita ni rechazo, solo indiferencia.

    Quizá este vivir en una sociedad cada vez más indiferente a lo religioso sea una fase por a que tenga que pasar el Pueblo de Diós, una especie de “exilio babilónico” sobre el que tanto reflexionaron los profetas.

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