Anna Seguí ocd: “Nos imponen el Asistente eclesiástico…y sin posibilidad de apelación”

“Las monjas de vida monástica y contemplativa, volvemos a ser víctimas de los dos últimos prelados de turno que, más allá de la voluntad del Papa, nos imponen el Asistente eclesiástico a todas las federaciones”
“Qué obsesión tan desmesurada por imponernos controles clericalistas, porque el Asistente es obligatorio que sea varón y cura. No puede ser una monja”
“Las mujeres en la Iglesia ya no vamos a callar, porque Si callamos ante la injusticia, el poder se hincha y la injusticia se propaga. El silencio ante la injusticia nos hace culpables”

21.09.2021 | Anna Seguí ocd. religion digital

(Aventurar la vida).- Queridísima Mara: Vengo a desahogar contigo un ¡Ay! contenido en el corazón y que me subleva interiormente. Decirte que, las monjas de vida monástica y contemplativa, volvemos a ser víctimas de los dos últimos prelados de turno que, más allá de la voluntad del Papa, nos imponen el Asistente eclesiástico a todas las federaciones. Así, sin más, ordeno y mando, sin posibilidad de apelación para evitar esta imposición.

Tú, Mara, sabes muy bien lo que esto supone para mi temperamento de pasión y fuego, y para mi sentido de la libertad, sobre todo, de la libertad de las mujeres en la Iglesia. Sujetar mi impulso de rabia e impotencia, es lo que llevo a la oración, para que Dios me conceda integrar estos despropósitos, por parte de quienes deberían tener una actitud de colaboración y diálogo fraterno entre las federaciones, y no hacer de su autoridad uso abusivo de poder.

El Papa, en su Constitución, no impone esta figura del Asistente, ni Cor Orans tampoco, aunque su texto, profundamente enmarañado, confuso y farragoso, no dice que sea obligatorio, pero lo envuelve y revuelve de tal manera, que parezca que obliga, y así ha creado gran confusión y malestar entre las monjas. ¿Puede imponerse una Instrucción por encima de la Constitución?

En el fondo, este proceder impositivo, traiciona el sentir del Papa, que, a lo largo de su ministerio, ha dado claras muestras de una mirada y un proceder benévolo y libertador hacia las mujeres. Dice Francisco: “Al Señor no le agrada que falte a su Iglesia el icono femenino. Ella que lo engendró con tanta fe, también acompaña al resto de sus hijos; si amamos el futuro, si soñamos con un futuro de paz, debemos dar espacio a las mujeres”. Pero quedan todavía muchas actitudes faraónicas, por parte de prelados que no permiten que “Israel salga de Egipto”. Bastaría una simple libertad para que, las que quieran Asistente, lo tengan, ¡faltaría más!, pero las que no lo queremos, y así lo hemos manifestado, se nos deje andar esa libertad.

 Estos dos prelados -presidente y secretario-, que así se imponen a nuestra negativa al Asistente, han desestimado nuestro deseo de autonomía personal, comunitaria y federal. Han ignorado por completo nuestra petición e imponen su voluntad. Es como no reconocer nuestra mayoría de edad para andar nuestro propio camino con autonomía propia.

¿Por qué esta obligatoriedad para las monjas y no para los monjes? Y más, ¿por qué una Constitución solo para las monjas y no para los monjes? ¿Por qué se busca controlar a las mujeres más que a los monjes, o varones en general? El abuso de poder es una triste realidad que se sigue dando en nuestra amada Iglesia. Justamente en un momento y con un Papa que da ejemplo de lo contrario, pero no lo imitan.

El camino de los hijos e hijas de Dios ha de ser de libertad, no de imposiciones. Tales leyes y obligaciones, me traen a la mente aquel decir de Jesús sobre las autoridades de su tiempo: “Ellos lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente a los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar”. La verdad, qué obsesión tan desmesurada por imponernos controles clericalistas, porque el Asistente es obligatorio que sea varón y cura. No puede ser una monja.

Mi reacción primera ha sido la de apelar al Papa, pero veo que nadie está por esta labor. Quise también escribir a estos prelados, pero, ¿vale la pena escribir a quienes dan tan clara muestra de no querer escuchar, e imponer sus criterios? Donde no hay nada que hacer, dejar pasar, y Dios proveerá por nosotras. Las mujeres en la Iglesia ya no vamos a callar, porque Si callamos ante la injusticia, el poder se hincha y la injusticia se propaga. El silencio ante la injusticia nos hace culpables.

Tengo claro que, en la Iglesia, sobre todo en la vida religiosa, hay una gran actitud de sumisión por parte de las mujeres y más las monjas, a todo lo que digan y decidan los prelados por nosotras. Esto es fruto de una larga historia de exclusión, imposición, control y autoritarismo hacia nosotras. Y esto no nos lo quitaremos de encima si esperamos que el Sistema lo cambie. La libertad no nos ha de venir dada por lo que decidan los eclesiásticos, ni por el Sistema. La libertad la hemos de tomar nosotras porque nos la ha regalado Dios, por encima de los poderes político y religiosos. En esto, todos estamos en igualdad de condiciones, falta creerlo y ejercerlo. En el cristianismo nadie ha de estar por encima de nadie. Dios nos iguala en la fraternidad. Los servicios son para ayudar, no para imponer voluntades propias.

Y también apelaría a una desobediencia responsable, como la de Jesús ante las autoridades de su tiempo. Él se atrevió a romper con normas y leyes esclavizantes. Hizo lo que estaba prohibido y lo hizo a los ojos de todos, por eso le fue como le fue, hasta acabar en la cruz. Es desde la base como se irá creando una Iglesia más pobre, humilde y sencilla, y esta es la que hemos de construir las religiosas y el laicado, desde las convicciones interiores y la libertad que tenemos en Cristo Jesús. A pesar de este avasallamiento, somos las amadas de Jesús y ¡libres en Él!

Hoy, a las mujeres, ya no lograrán acallarnos nuevamente. Dios ha oído nuestro gemido y quiere libertarnos. Es Dios mismo quien está en ello. Y si Moisés tuvo que acudir varias veces ante el faraón para que les dejara salir de Egipto, ahora nos libertará también de manos de quienes ejercen el autoritarismo propio de las más férreas dictaduras.

Dice José Mª Diez-Alegría, en su libro “Fiarse de Dios y reírse de uno mismo”: “Los católicos pueden contemplar con un suave humor y con bastante libertad las desorbitadas pretensiones de la autoridad de la jerarquía. No enfadarse, pero sí mantener sus derechos a la libertad de conciencia y a la necesaria libertad de su fe”. En otros dos párrafos añade: “Ver con ironía la prepotencia de los que mandan”. Y sigue: “Hay que dar más libertad en este campo; de lo contrario nos quedaremos finalmente con una Iglesia donde no habrá más que católicos conservadores fundamentalistas y luego gente poco o nada practicante”. Todo esto ya está sucediendo.

Querida Mara, reza por mí, para que en verdad sepa tomar una actitud de buen humor. Al fin, lo que quiero es vivir una vida para el Evangelio y “pasar haciendo el bien”, como Jesús. Que solo hay que creer en Él. Fuera de Jesús y su Evangelio, todo sobra.

Tuya siempre y en comunión. Nura.

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