Recuperar los afectos.

 JORGE DOBNER. editor. En Positivo

Se podría decir que despedimos el 2021 sin echarlo de menos a un nivel de contexto global y con enormes ganas de empezar el año nuevo de una mejor manera. Es bien sabido que en distintos países del mundo se celebra el año viejo con la quema de un muñeco y otros enseres como ritual de purificación, para dejar atrás lo malo y caduco y augurar el bienestar del año que va a comenzar.

Estas tradiciones populares llegan hasta nuestros días cargadas de simbolismo representando la supresión de lo pasado para permitir una regeneración del tiempo y de las energías.

El 2021 será recordado otra vez más como la continuación de la pandemia, si bien de cierta forma más controlada,  pero que sigue causando impactos en lo sanitario y socioeconómico.

No hay duda que la situación que vivimos causa una gran frustración y hartazgo para la humanidad y todos estamos deseando retomar una vida con mayor normalidad y sin tantos sobresaltos a todos los niveles.

Lo malo que ha acontecido en el 2021 es recordado cada día y difundido por los medios de forma incesante, aun en estas fechas que dejan sin respiro. La incertidumbre se ha convertido en compañera y el miedo aún sigue latente en las calles, como bien decía el brillante anuncio de una marca conocida ‘Acojonados’ nos hallamos.

Distintos virólogos y personalidades auguran en el 2022 el fin de la pandemia, y así debería ser explica la OMS, aunque «también el comienzo de una nueva era de solidaridad» añaden.

Precisamente todos los esfuerzos y recursos posibles de los organismos internacionales y gobiernos deben destinarse a este fin, y no hay mayor prioridad a conseguir.

Los ciudadanos merecen retomar sus vidas, su cotidianidad, recobrar en definitiva la ilusión que en cierta manera se ha perdido. No solo la salud física a causa del virus se ha visto amenazada  sino también de manera acuciante, como efecto colateral, la salud mental de quienes no aguantan más esta situación anómala prolongada en el tiempo.

El fin de la pandemia merece una fiesta colectiva. Tantas ganas de recuperar los afectos, los abrazos, salvar las distancias, los viajes que no se pudieron hacer para reencontrarse con los seres queridos.

Por suerte nos ha salvado la tecnología como aliada para al menos vernos y hablar a través de una pantalla, pero claro que nada es irremplazable al contacto humano por mucho que algunos ahora aprovechen para meternos en un ‘metaverso’.

Aún con todo, aquellos que no se han derrumbado con tantos obstáculos han sacado matrícula de honor en resiliencia.

El aprendizaje del 2021 es duro pero puede servirnos en fechas óptimas para no olvidar todo lo que nos ha tocado vivir y entonces valorar con plenitud todo lo bueno que nos pase. También los medios para fomentar unas narrativas más constructivas en aras del bienestar de una audiencia hastiada de tantas malas noticias.

Ojalá el 2022 nos traiga todo lo bueno que ya va siendo hora, al menos esa serenidad tan necesaria para vivir en plenitud y disfrutar de los afectos.

Feliz y mejor año con sentidos abrazos.

JORGE DOBNER
Editor
En Positivo

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