El miedo a la lbertad

Isabel Gómez Acebo. religiondigital.org

Cada vez en el mundo hay más miedo por la incertidumbre del futuro y las personas nos agarramos a lo que tenemos por temor a que el mañana sea peor que la realidad actual. Los regímenes autoritarios gobiernan con amenazas y nadie se atreve a contradecirlos por si acaban con sus vidas o con el pan que se llevan a su casa para comer. De esta manera llegamos a la conclusión de que la libertad nos puede jugar una mala pasada y renunciamos a ella

            Lo más curioso es que esta realidad ha entrado también en nuestro credo. Un amigo escritor me felicitó la Pascua con un artículo de periódico en el que defendía que los católicos no tenemos la Verdad, que solo tiene Dios y que se va gestando en los seres humanos que la buscan. La globalización nos ha permitido conocer a otras personas que siguen a Jesucristo en las distintas denominaciones protestantes, pero también a los fieles musulmanes, budistas, hinduistas o de otras religiones que sienten ansia de Dios, aunque le llamen de otra manera y van adquiriendo las cuotas de verdad que su Dios les suministra. No nos debe sorprender que los místicos nos hablen de realidades semejantes desde distintos continentes o creencias

            Estas ideas, que yo he resumido y ampliado, se las mandé a muchos de mis contactos porque me parecieron válidas por la creencia de que ya no podemos pasearnos por el mundo creyéndonos superiores a los demás. Mi sorpresa ha sido grande por las reacciones que ha suscitado en algunos que no admiten otras verdades que no sean las católicas. No quieren conocer la existencia de otros credos, a los que califican negativamente, ya que les basta con el que tienen

            Tengo la sensación de que la libertad religiosa de buscar se pierde por miedo, por temor a que se tambalee nuestra fe con el contacto con los otros, que cerramos a cal y canto puertas y ventanas para que no nos entre la duda y aunque nuestra fe haya quedado obsoleta y somos conscientes en muchos puntos, no la queremos renovar. Y de esta forma vamos muriendo, se vacían nuestros templos y disminuyen los fieles porque nos hace falta el agua viva de la renovación. No somos capaces de navegar mar adentro, nos quedamos amarrados y anclados en nuestros puertos sin navegar por un océano desconocido que es el destino de los pescadores a lo que estamos llamados

 ¿Cómo convencer a maravillosos católicos que su fe se verá engrandecida con el conocimiento de otros credos? ¿Cómo incitarlos a salir de sus fronteras pequeñas para recorrer el mundo en busca de la Verdad? ¿Cómo hacerles comprender que la persona de Jesucristo resplandecerá, más si cabe, cuando reciba el Sol desde todos los ángulos o gráficos? No lo sé

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