Con faldas y a lo loco. Alberto Revuelta

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Alberto Revuelta. Atrioorg

160 y tantos varones de edad provecta cuando no ancianos de toda ancianidad, vestidos de talares uniformes negros con largas faldas hasta los pies, arrastradas desde la edad media, adornadas de vivos morados, verdes, rojos para jerarquizar la mirada, se reúnen requeridos por uno ellos vistiendo el blanco del mando supremo que desde las guerras napoleónicas se reserva el máximo poder de la poderosa institución.

        Estos días es un conciliábulo que congrega a los jefes de conferencias de países del ancho mundo y jefes de departamentos de la institución más antigua de Occidente y parte del extranjero para pensar y proponer, pero nunca decidir, qué hacer con los criminales que cometen delitos de violencia o abusos sexuales a gentes humanas sometidas a su poder e influencia.

        Otras ocasiones las concentraciones de vestes talares ambulantes tiene otros objetos y objetivos. Siempre son varones, siempre con poder, siempre con faldas, siempre lenguajes arcanos, almibarados, delicuescentes, misteriosamente alejados de la luz.

        Varones que se dan a sí mismos vacuos tratamientos considerados, como santidad, beatitud, eminencia, excelencia, reverencia que ensalzan largos años de callado respeto, de cadavérica obediencia, de sigilosos pasos en la escalera de la corte suprema. El poder está arriba, siempre arriba, más arriba. El poder vela el poder con formas sutiles, con verbo untuoso, con formas nebulosas. Pero es poder puro, duro, descarnado, despiadado. Poder que solo ve y solo mira la propia empresa forjada en el tiempo y deseosa de tiempo para ejercer el poder que le ha concedido el propio poder.

        Poder de varones conscriptos, cooptados por ritos anclados en romanas artes fenecidas dos mil años ha, que nadie recuerda cuál era su objeto, cuál era su fin. Depurados varones que en caravaggio pincel han subsumido el paso de los siglos en sentencias cuyo derecho es solo mantener en las sombras del lienzo la apariencia de vida que cines, pulvis, nihil, errabunda, espantada, escapó del sepulcro en busca de la aurora donde gritar !rabbí!.

        El peso del silencio para seguir así sosteniendo el poder impidió a los varones de talares honores cegados de dorado y carmín notar que mujeres sin fin ocupaban las plazas, los campos, estudiaban cejadas en llegar a dirigir el mundo dejando la costilla de Adán por llamarse varona pues que fuera como él y así será el futuro.

        Y de pronto el sensato corredor de fondo surgido de otros mares y otras tierras que amenaza a los ricos del mundo, aleja criminales y habla a tiempo y a destiempo de abrir puertas cerradas y de poder difuso, difundido más bien entre mujeres y hombres, salta la barrera del control seguro  muestra el tamiz del caravaggio esbozo guardado en el taller del maestro: !no la mujer! !jamás la femina será! Solo el varón con falda y pantalón. Solo el varón. Así fue y así será. Sara en la tienda está, sonriendo lo que oye, expulsando a Ismael. No pasará de ahí.

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